PostHeaderIcon Emociones y sentimientos de miedo transformados en sintomas

Nuestra biología como la de cualquier ser vivo, reacciona según la circunstancia; una simple ameba si es tocada se retrae o huye, la ameba tiene
miedo, la ameba comparte con nosotros la emoción del miedo igual que todo ser vivo.
El tigre si es perseguido huye, si se lo acorrala en la persecución ataca. Ambas reacciones son por miedo.
La agresividad es solidaria al miedo, huir y atacar son formas de expresar miedo en una situación límite, sin salida.
Los seres humanos tenemos conciencia de nuestro miedo y generamos el sentimiento del miedo.
Entre la emoción humana del miedo y el sentimiento del miedo, estará la experiencia individual que caracterizara las distintas reacciones de este en iguales circunstancias, a veces huimos otras agredimos.
Pero necesariamente el primer miedo del que nadie se acuerda y poco se sabe, debe ocurrir en los primeros momentos de la vida, ¿será intrauterino? ¿al nacer?
Probablemente la primera emoción de miedo sea en el vientre materno, pero el sentimiento se originará en la incipiente conciencia; existe un miedo original en los comienzos de la vida misma en el mundo exterior.
Sobre esa memoria tan pero tan escondida, se repite tantísimas veces como se desencadene en nuestra vida, variando en muchas formas distintas pero sobre la base de la primera experiencia del sentimiento de el miedo original; cambiará la forma, muchas formas viviremos, pero nunca cambiará su esencia ni sustancia.

En la evolución humana se inscribe una huella mnémica de miedo genético. Si nuestro ADN contiene miedo, antes de ser miedo humano fue miedo homínido y antes fue el miedo de nuestro antecesor único común, y los sucesivos cambios adaptativos produjeron a través de tantísimas generaciones, mutaciones genéticas que llevaron a la evolución de las especies.
Nuestro primer miedo es prestado por organismos unicelulares de miles de millones de años y transferido en el proceso evolutivo a todas las especies.
El miedo simple de la ameba o su predecesor que huye del peligro, evolucionó en todas las especies en formas más complejas, nos preguntamos entonces cuándo los humanos hicimos humano el miedo.
En la medida que nuestro cerebro posibilitó tomar conciencia de si mismo al ser, e hizo una unidad de identidad personal, sumado al tremendo desarrollo de la memoria humana que también dio nuestro sofisticado cerebro tan grande como interconectado, esta combinación hizo posible una forma distinta de miedo, desconocida entre otros animales o seres vivos presentes y antecesores. El miedo con recuerdo, es el miedo humano, pero es el miedo con recuerdo sofisticado, el de dos niveles, el conciente y el de la memoria inconciente, la que almacena todo, la historia de un ser humano en toda una vida aún en la intrauterina.
Tener un pasado, recordarlo o tener una historia de vida, de toda una vida propia, única como uno mismo, guardada y dispuesta a aparecer de forma encubierta en cualquier actitud, palabra o gesto, hace que podamos vivir un presente sabiendo que tenemos futuro, pero futuro finito, conciencia de muerte.
Esto es muy humano; como el miedo a vivir la plenitud requiere de mucho valor y esfuerzo, el miedo al futuro que vendrá es común en todas las sociedades, probablemente más en las modernas.
Siempre se ve equivocadamente el pasado como un tiempo mejor, ¿será porque ya pasó y seguimos vivos? siempre hay miedo en la acción, miedo a la vida, el mismo que se originó en los comienzos de esta, precisamente cuando comenzó la acción, la vida es acción.

Sin la emoción del miedo, la vida corre peligro, ya que no habrá alerta.
En cambio, el sentimiento del miedo incluye una conciencia basada en la historia y experiencia individual, modelará las distintas formas de temer, al punto de transformar la vida de muchas personas en un sinvivir.
Sacar las capas de miedo inexistente al miedo original, es una forma de recuperar la vida perdida detrás de las obsesiones, incertidumbres  y negaciones de la realidad.
Muchos síntomas dolorosos son capas de miedo, muchos vértigos y mareos son signos de inestabilidad en la vida real transformados en síntomas corporales.

Los avances de la neurocirugía en la extirpación exacta de tumores cerebrales o focos epilépticos, como también la implantación de electrodos para la enfermedad de Parkinson, han permitido casi por "accidente" demostrar, que pequeñas descargas eléctricas que reemplazan la función normal de una descarga nerviosa, provocan estados circunstanciales de ánimo como profunda tristeza con llanto, o risas seguidas de estados eufóricos, en la que los pacientes no tienen motivos ni para uno ni lo otro.
Estos "accidentes" llevaron a profundos estudios, que demuestran la exquisitez de la ubicación y la cadena de estructuras, que si se estimulan producen emociones.
Los estímulos externos e internos de la vida, son los que naturalmente provocan dichas reacciones.
El cansancio del agobio de situaciones no resueltas desde los inicios de nuestra conciencia, es un estímulo más que suficiente para provocar estados alterados del ánimo, por más empeño que se ponga en atribuir el cansancio a lo físico, que a la incapacidad de reconocer los problemas que generan el agobio.
Si a esto se suma pensamientos asociados con la historia diaria de cada persona, llevará sentimientos de amargura, tristeza y depresión misma.
El recuerdo de la memoria del origen de los pensamientos y la reestructuración corporal alterada por tensiones crónicas, proporcionales a las emociones y sentimientos vividos, son la terapéutica adecuada y asertiva de largas cefaleas de años, o vértigos y mareos que alguna vez se piensan sin solución, y que estos van acompañados de ansiedad, tristeza o depresión y la alternancia de un estado al otro sin "razón aparente".
Los síntomas corporales son un emergente de la vida misma, a tal punto que la postura que nos caracteriza "es una huella digital de cómo hemos vivido". Disociarlos de los sentimientos y las emociones históricas, es un error más que frecuente, tanto como no entender que un pequeño problema, es el disparador de un gran problema emotivo no resuelto en tantos años como dure el olvido mismo.
En cuestión de sentimientos olvidar es solo guardar, y cuanto más tiempo se guarde, más pequeño será el problema disparador, y más intenso el síntoma emergente, y más obvia la huella digital de nuestra postura.
Leer la postura corporal es un arte que permite entender el ánimo de cada ser, en lo diario y en lo histórico.
Escuchar es otro arte que permite encontrar los recuerdos tan guardados que parecen olvidados, pero nunca desaparecidos.
Retomando el ejemplo de la ameba, si esta es molestada con una simple aguja y esto lo observamos en el microscopio, veremos que huye.
Si insistimos y la acorralamos, tratará de rodear el objeto punzante.
Desde una unidad tan simple de vida como la ameba, el miedo tiene dos caminos, huir o atacar.
Miedo y agresividad son dos emociones muy unidas. Nosotros como seres emotivos, y también formadores de sentimientos, podemos elaborar estrategias para que el miedo no parezca cobardía y la agresividad parezca violencia.
Esto se consigue con la actitud corporal por medio de un sentimiento postural;  una postura que aparenta ser fuerte ante la adversidad, y da la sensación de ser seguro de si mismo con un tórax insuflado, hombros elevados, rodillas rígidas e inflexibles, mas un rostro tenso y serio, suelen ser una fórmula común de esta cultura.
Las posiciones corporales descritas son cansadoras y con el tiempo dolorosas.
Miedo y agresividad, son hoy disimulados con el nombre de stress.
Esta sociedad de individuos estresados, es una sociedad cansada y muy conocedora de los dolores corporales.
Recrear una postura del disimulo por tiempo, agota ya que se origina un verdadero hábito postural del individuo con miedo, que parece no tenerlo pero lo tiene y mucho.
Este hábito, muchas veces se demuele por una repentina sensación de malestar intenso, caracterizado por un descontrol de la conciencia; parece ser un desmayo, pero no ocurre, gran inestabilidad pero no se cae, ahogo pero no falta el aire, y por último miedo a morir pero no se muere.
El descontrol del control postural fingido inconcientemente (y muchas veces exagerado con conciencia), se trasformó en un ataque de pánico.
El cuerpo toma por asalto a la tiranía de una mentalidad que todo quiere controlar, y ya sabemos que el que todo quiere controlar en algún momento no controla nada, ni siquiera a sí mismo.
La razón de la existencia radica en el sostenimiento de la vida del cuerpo.
Esta verdad como todas las verdades, tendrá valor relativo; se podrá discutir la calidad de la vida del cuerpo y el espíritu que emerge de la de la persona viva en su cuerpo, su aporte a los demás y la trascendencia de este más allá de su muerte.
Los valores cambiarán en las distintas culturas y en los distintos tiempos culturales de una misma civilización. Pero la continuidad de la especie humana, se sustenta en la lucha contra la adversidad de forma individual y colectiva. La responsabilidad de la propia existencia afecta a la existencia colectiva, pero esta, la existencia colectiva, parece empeñada en sacrificar la otra verdad de la razón de vivir que es la persecución de la felicidad.
Ni la existencia individual, ni la colectiva, aceptan la realidad de la infelicidad incompleta sustentada principalmente, por la finitud de la existencia misma, la preocupación por el mas allá de la muerte y el "mas aquí" que es la vida misma, da como resultado seres preocupados por el futuro perdiendo el presente e ignorando el futuro inmediato.
Nos encontramos con realidades nefastas ¿dónde está el equilibrio? Vivir la felicidad del presente por pequeña que sea, ocuparse de un mañana mejor pero posible, sacrificar el cuerpo por las tareas en la misma proporción que le brindamos placer, pero ningún placer tiene acceso a nosotros si no es por la vía de los sentidos del cuerpo.
Poniendo atención en la influencia de una cultura que castiga el placer corporal, asociándolo con la pereza o lujuria, y privilegia el cansancio y el dolor como símbolos de trabajo, entonces existe una sociedad de cuerpos productores de síntomas corporales que se asocian con medallas al mérito ¿es un mérito enfermarse?

 

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