PostHeaderIcon Capítulo 9 DOLOR DE CUELLO

          Cuando una jornada de trabajo está por terminar, el dolor de cuello suele ser parte integrante de ese momento. No importa si el trabajo se hizo de pie o sentado, el cuello molesta. La civilización actual basa su actividad fundamentalmente en la comunicación entre los hombres, y si bien todo el cuerpo participa de la comunicación, en la cabeza se encuentran los oídos, los ojos y la boca; los tres elementos fundamentales de la comunicación humana.

La cabeza está formada principalmente por huesos sin movimientos entre sí. Para poder mover los ojos existen músculos muy pequeños y precisos, pero la cabeza también hace ajustes para dar un buen plano a la mirada. Lo mismo ocurre cuando direccionamos la voz y los oídos, son los músculos del cuello los encargados del ajuste. También la expresión en los músculos de la cara son indicadores de comunicación; los gestos producidos por la cara  suelen traicionar la palabra falsa y a veces la cara dice más la cara dice más que la palabra.

El conjunto de tensiones musculares crónicas de la cara moldea la fisionomía del rostro. Es fácil detectar viejas angustias en las cicatrices del rostro producidas por años y años de tensión muscular crónica que arrugan la piel. Pero no sólo se ve la tristeza; también la simple sonrisa del éxito que no necesariamente indica felicidad. Quizás el más claro indicador de este anhelado sentimiento tiene que ver con el brillo de los ojos y la limpieza de la mirada. Sea cual sea el sentimiento, con el correr de las horas los músculos trabajan y se cansan produciendo desagradables sensaciones.

Desde el punto de vista mecánico, la cabeza se articula con las vértebras de tal forma que los dos tercios anteriores de la cabeza quedan por delante del eje articular. Por lo tanto la cabeza tiene una tendencia natural a caer hacia adelante por su propio peso, cosa que es corroborable en una persona que se duerme o en los bebés en los primeros meses cuando su  gran desafío es poder levantar la cabeza. Es fácil poder observar cómo los músculos posteriores son mucho más desarrollados que los anteriores, pero sobre todo observamos mayor tonicidad muscular en los de la nuca que son los que luchan contra la gravedad cuando nuestra columna se halla vertical. A diferencia de lo que se cree, no es el tono neurológico el que debe mantener la posición de la cabeza en vertical, sino el tono mecánico. Este es producto de la elasticidad en los ligamentos, fascias y proteínas musculares. Si la postura corporal es equilibrada, la cabeza está en la misma línea que une los hombros. Sólo con la elasticidad de los elementos mencionados es suficiente para mantener la cabeza erguida, pero como por lo general los hombros se hallan adelantados por el encorvamiento dorsal, la cabeza queda obligada a mirar hacia abajo. Es entonces cuando aparece el aumento del tono neurológico para compensar la palanca. Precisamente para graficar mejor la articulación de la cabeza con las cervicales, ésta se comporta como una palanca de primer género donde el peso es la cabeza misma, el apoyo las cervicales, y la resistencia los músculos de la nuca. Por lo tanto cuanto más adelantada está la cabeza con respecto al cuello, y cabeza y cuello con respecto al tórax, mayor será el trabajo en los músculos de la nuca. Claro que como se mencionó antes, dos tercios anteriores tienden a volcar la cabeza hacia delante, por eso se compensa con la elasticidad de los tejidos músculofasciales de la nuca. Cualquier desbalance en este delicado equilibrio será pagado con acortamiento en los músculos de la nuca.

Hasta aquí todo parece indicar que el problema cervical se asienta en la nuca, pero mucho también ocurre  en la parte anterior del cuello, obviamente en la garganta, zona que a simple vista se observa más noble y débil. Sus músculos cuya lucha contra la gravedad es casi nula, son de un tono más débil, pero esto no significa que sean menos importantes. La garganta es atravesada en forma diagonal de atrás hacia adelante, tanto por derecha como por izquierda, por un poderoso músculo, el ECOM, que es el responsable de la rotación de la cabeza y de mantener su equilibrio anterior, posterior y lateral. El fisiólogo americano Basmajian demostró a través de sus estudios electromiográficos, que el movimiento de los ojos provoca aumento de la tensión muscular. Cuando realizamos movimientos oculares precisos, el ECOM acompaña a otros músculos, por lo tanto las actividades laborales que requieren fijación de la vista provocan tensión, en particular en la parte superior. Éste cruza el eje longitudinal del cuello y termina en la base del cráneo, junto a la inserción de los músculos de la nuca. Por lo tanto hacen fuerza en la zona baja del cráneo (siempre dolorosa a la palpación). El ECOM, en la escala evolutiva formó un solo músculo junto al gran músculo trapecio, el principal de la nuca y espalda alta.

Vemos aquí entonces una vinculación anatómica y funcional entre la garganta y la nuca, desde el punto de vista del control de los movimientos provocados por los sentimientos. En la garganta se origina en particular, la particular salida del llanto.

Si bien la fisiología describe con gran precisión el funcionamiento del cuerpo humano, poco se ha dedicado a la explicación de fenómenos tan cotidianos como el llanto y la risa. Todos alguna vez hemos experimentado estos sentimientos y sabemos cómo modifican nuestro sentir corporal. En particular, el llanto estalla frente a grandes emociones  se comporta como una fuga de energía que se vuelve intolerable.

Antes de producirse el llanto, nuestro cuerpo se halla en una gran tensión muscular. Lamentablemente nuestra cultura no permite el llanto, especialmente en los hombres, ya que llorar  es visto como un símbolo de debilidad.

La mujer de hoy que incursiona en la vida laboral con gran intensidad, tampoco acostumbra llorar ante una contrariedad laboral. Estamos acostumbrados a ver llorar a hombres y mujeres en circunstancias sociales permitidas, por ejemplo, frente a la muerte o enfermedades, pero no frente a conflictos cotidianos tal como todos lo hicimos cuando éramos niños. Precisamente el dejar de llorar, se considera un paso a la adultez; la frase “llora como un niño” se utiliza para ridiculizar a un adulto. Lo cierto es que lloramos menos de lo que necesitamos y para lograrlo debemos frenar los movimientos del llanto; éste se origina por fuertes contracciones del diafragma, no olvidemos que el llanto es una forma de respiración brusca y espasmódica. El conocido “nudo en el estómago” no es más que un diafragma conteniendo llantos de angustia a través de un estado de semicontracción, que eleva su centro y lo coloca en un lugar que popularmente lo llamamos “boca del estómago”. Cuando la angustia es muy intensa, busca salida a través del llanto y por las vías respiratorias altas de la garganta, segundo lugar que opera como válvula de contención. Los músculos ECOM, junto a los periféricos de la laringe, se contraen para presionar sobre ésta y ahogar el llanto a ese nivel. Cuando el profesional palpa esta zona, observa cómo los ECOM se hallan tensos y adheridos a los planos subyacentes. La tensión de la garganta se une con la de la nuca formando un verdadero anillo o collar de tensión en todo el cuello.

Muchas veces pregunto a mis  pacientes cuándo fue la última vez que lloró con intensidad; en general nadie lo recuerda, salvo si ocurrió un fallecimiento. Contener el llanto es tan común que la contracción inicial se automatiza. Luego se observa tensión muscular, pero las personas ya no pueden relacionarse con su angustia contenida (aunque saben que la tienen) y no reconocen su incapacidad muscular para llorar.

Siguiendo con sentimientos contenidos (como se explica para profundizar en el capítulo Vértigos y mareos), la expresión en la agresividad está vinculada con los movimientos en la mandíbula que posee la virtud del movimiento. Antiguamente era el arma principal del hombre y su potencia servía para desgarrar la carne. Con los años y la evolución filogenético, nuestra mandíbula retrocedió en posición y tamaño pero sigue siendo poderosa.

Apretar nuestro dientes frente a la adversidad, es una actitud excesivamente común en nuestra sociedad. Cuando los poderosos músculos maseteros se contraen para “apretar la mandíbula”, se acompaña con gran tensión de los músculos cervicales que intentan estabilizar la cabeza para el accionar de la mandíbula. Evidentemente los sentimientos y el estrés toman al cuello como punto clave para asentarse. Precisamente es el estrés una de las causad principales de la deficiente incorporación del Magnesio, y a su vez facilita la rápida pérdida de este mineral produciendo un severo déficit. Si tenemos en cuenta que el Magnesio entre otras funciones, opera como relajante muscular, la situación descrita se complica aún más. Por lo tanto estrés y tensión muscular crónica van de la mano.

En los capítulos referidos a dolor de cabeza y a vértigos y mareos, se hace una descripción de muchos síntomas de origen cervical que están relacionados con los motivos antes descritos. En lo referente al cuello específicamente existen síntomas dolorosos muy puntuales. Muchas veces ocurre de repente, que no podemos girar el cuello hacia alguno de los lados, ya sea izquierda o derecha; esto se conoce con el nombre de tortícolis. Si bien la aparición es brusca y suele comenzar luego de dormir o terminar alguna tarea física intensa, la gestación del dolor ocurre con anterioridad y pasa inadvertida hasta encontrar algún factor desencadenante.

El origen está en el músculo angular del omóplato. Éste une las cuatro primeras vértebras cervicales con el ángulo superior de la escápula u omóplato, conocida popularmente como paleta. En el ángulo de la escápula, reside el pívot de muchos movimientos que se realizan con el brazo, y a su vez, el músculo es un sostén semi-pasivo del hombro que por delante se sostiene con la clavícula que por ser un hueso su actividad es absolutamente pasiva. Pero por detrás no existe tal pieza ósea y el angular es el principal sostén junto a otros músculos (trapecio, serrato anterior). Esta tracción permanente se traslada en forma de fuerza tirante hacia arriba, logrando que las primeras vértebras cervicales reduzcan su natural espacio entre ellas.  Como la inserción es lateral, la compresión se hace sobre la emergencia de las raíces nerviosas cervicales. Esto lleva con el tiempo, a la irritación de los nervios, que en algún momento producen una lesión característica en su tejido con alteración de la conducción nerviosa, que se traduce en un fuerte dolor y en un espasmo muscular que bloquea el movimiento. Cuando se palpa la inserción inferior sobre el omóplato se encuentra gran cantidad de tejido fibroso. La eliminación a través de la aplicación metódica de frío más masaje terapéutico, suele liberar al espasmo en una primera sesión; luego se deben realizar ejercicios y maniobras de elongación del músculo afectado.

Existe una relación, aunque solamente estadística, entre el excesivo consumo de café y la aparición de este síndrome. De ninguna manera debe pensarse que el café puede producir semejante cuadro, pero sí recordar  que es un excitante de la actividad muscular y favorece el estado de alerta. Aquellas personas estresadas que descansan poco y mantienen su vigilia con café, deben estar atentos. Sí es común, que esto ocurra en aquellas personas que por distintos motivos no durmieron una noche (padres con bebés, cuidado de enfermos, etc) o lo hicieron en forma incompleta varias noches. Esto se adjudica a la función semi-pasiva de sostén que sólo se relaja absolutamente durante el sueño. Y si el sueño no es correcto, la actividad se sustenta por la fatiga; primero aumenta el trabajo muscular y por último se lesiona.

La permanente tensión muscular lleva a través de los años al desgaste de los cartílagos articulares cervicales, los que primero producen pequeñas fisuras y luego degeneran en elevaciones óseas denominadas osteofitos o conocidas popularmente como picos de loro (por su similitud en la imagen que resulta en las radiografías). A este proceso se lo conoce con el nombre de artrosis; sólo ocurre a partir de los 40 años y provoca dolor por sí solo dada la incongruencia articular.

La movilidadla flexibilización permanente de cuello son una eficaz solución para este problema.

 

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