PostHeaderIcon CASO 2

Alguien que me conocía por haber realizado años atrás una transacción inmobiliaria y a quien llamaremos HP me llamó muy preocupado porque llevaba más de 6 meses con un intensísimo dolor de espalda baja diagnosticado como hernia de disco ( en mi libro Dolores Corporales explico mi disidencia con que las hernias de disco sean las causales exclusivas del dolor de espalda y mi oposición a la cirugía como solución y ejemplifico los casos con los que evité operaciones de este problema), acudió a mi porque su cirugía era inminente y sabía que manejaba una técnica con la que solucionaba este tipo de dolencias evitando la cirugía, faltaban 12 días para que ingresase a quirófano.

HP se presentó en mi consulta y me impresionó verlo después de tanto tiempo deteriorado, muy delgado y con el rasgo de sufrimiento dibujado en su cara, me contó que no podía sentarse, que comía de pie, tampoco podía estar mucho tiempo en la cama, por lo tanto su descanso era pobre, ya no había analgésico que le disminuyese el dolor y que se encontraba desesperado.

En su TAC ( tomografía axial computada), no sólo se veía una hernia discal sino que se veían tres pero al revisar toda su columna y particularmente ambas articulaciones sacroilíacas, me quedaba claro que estábamos frente a otro caso donde el dolor provenía de la lesión de una de estas articulaciones y esto se corroboró con una de las radiografías de pelvis que me había traído, por lo que si trabajaba en la realineación del sacro y lograba engarzar la articulación limpiar el tejido fibroso que se había formado en el ligamento interarticular, esto llevaría a una desinflamación generalizada de la zona eliminando el dolor principal y su irradiación posterior del muslo (ciática). Aproveché la oportunidad luego de haberlo examinado durante más de una hora para iniciar ahí mismo la primera sesión de trabajo para poder demostrarle a HP que si actuaba en la articulación sacroilíaca ( se encuentra en la parte media de la zona glútea y hacia fuera del eje del cuerpo), que marcándole con un dedo dónde estaban las hernias en HP que medía poco más de 1,80 m la compresión de la zona sacroilíaca se encontraba en una diagonal que terminaba a más de 15 cm de donde le habían dicho se producía el dolor y la compresión de mi dedo en la zona que yo le indicaba que se producía el dolor le originaba la sintomatología más intensa que el describía incluyendo la irradiación a la pierna, le quedaba claro que allí no había ningún disco con lo que me propuse aliviarle su padecimiento con un trabajo específico de media hora para que comprendiese que había un error de diagnóstico y aunque se operase no le iban a quitar el dolor.

Trabajé con mis manos con una técnica específica de presión, manipulación y uso terapéutico del frío, como es lógico no había curado a HP, necesitaba varias sesiones más pero había aliviado notablemente sus síntomas, a tal punto que con bastante facilidad se sentó en la camilla y sorprendido me dijo, usted no sabe hace cuánto tiempo yo no estoy en esta posición, a lo que le contesté ahora usted sabe que no tiene que operarse. HP era una persona de carácter muy rígido, había sido capitán de las Fuerzas Armadas , por su edad sabía que había estado en ejercicio durante la dictadura militar que ocurrió en mi país, a su falta de simpatía debí hacer un gran esfuerzo para que no se note la indignación que me causaba saber que había pertenecido a esa triste etapa de mi país. Yo no podía de ninguna manera hasta ese momento aseverar que HP hubiese participado en forma directa o indirecta en los lamentables sucesos que caracterizaron esa horrorosa dictadura, por lo que decidí concentrarme en mi tarea profesional y no hacer prejuicios, mi obligación era curarlo y nada más, aunque reconozco que quería terminar lo más rápido posible para no tener que volver a verlo.

Se sucedieron reuniones terapéuticas donde HP mejoraba eficaz y velozmente, de algún modo me sorprendía pero por otro no me llamaba la atención que mi imagen creciese frente a la actitud de HP que no era ni más ni menos que la clásica subordinación del militar frente a quien él ahora consideraba un superior, obedecía todas mis recomendaciones como si fueran órdenes y su predisposición durante el trabajo era tan disciplinada que me incomodaba. Como el objetivo se estaba cumpliendo y HP estaba muy contento y mi empatía hacia su persona no mejoraba el diálogo era casi nulo aunque él intentaba congraciarse, el tipo de técnica que le estaba aplicando intercambiaba maniobras sutiles con algunas que por momentos producían dolor, corría el año 1997 y si bien la técnica que realizaba era muy reconocida y efectiva todavía no había solucionado el problema de trabajar esta patología sin generar dolores importantes cosa que logré hacerlo a partir de los cambios efectuados en mi técnica a partir del año 2000, si esto hubiera ocurrido después de esta fecha no podría contar lo que ahora voy a describir.

Cada vez que producía dolor en HP como a todo paciente le indicaba que pusiera el límite porque no era necesario sufrir indefinidamente y a mis paciente siempre les decía que yo no necesitaba héroes, claro que HP en su condición de militar la palabra héroes tenía a otro significado por lo que simplemente le pedí que me avise cuando dolía mucho. Pero aquí apareció su primera desobediencia , no solo no me pedía que me detuviera sino me pedía que siga mientras hacía muecas de dolor y cerraba sus puños, entonces era yo el que detenía la acción, aplicaba el frío terapéutico y luego continuaba.

Me quedó claro que HP disfrutaba con su dolor, empecé a pensar que HP disfrutaba del dolor, empezó a invadirme la idea del dolor y la tortura, me esforzaba por seguir con mi tarea profesional y no provocarle más dolor del que el necesitaba para curarse, sin que yo le preguntara nada cuando HP estaba casi en el final de su tratamiento con una disponibilidad de la movilidad de su cuerpo, descansaba bien, su rostro había vuelto a ser el de aquel hombre soberbio que yo había conocido, HP, empezó a hablar en las sesiones más allá de mis silencios, hasta que un día me preguntó si los años que él había pasado trabajando en inteligencia del ejército, haciendo guardia en autos ( sin identificación), frente a la casa de lo que el llamaba el enemigo y yo conocía como víctimas con su arma reglamentaria colocada en la cintura durante tantas horas podía haber sido la causa de su dolencia. Desde el punto de vista biomecánico esto podría tener una importancia pero cuando HP me dijo esto me di cuenta que estaba frente a un posible asesino y torturador que gozó con el dolor ajeno por una causa que solo él y sus colegas creían que era justa. Ya habían pasado muchos años de aquellos hechos, toda la sociedad de mi país rechazaba aquello, evidentemente HP negaba sus errores y horrores pero se le habían instalado en su cuerpo y lo revivió con mucho dolor, lo sufrió en carne propia, justo en el lugar donde apoyaba su arma, a su pregunta si esto le podría haber provocado una lesión no le contesté, un fuerte suspiro mío le hizo entender mi desagrado y me puso frente al peor desafío de mi carrera profesional, tenía mi fuerte pulgar apoyado en el lugar justo para hacerle doler y encima contaba con su aprobación, podía abusar de la situación, detuve la maniobra, pensé qué hacía, por un segundo reconozco me tenté de hacerle doler mucho pero juro que me di cuenta que iba a ser igual que él.

Terminé la sesión lo más rápido posible y lo esperé para la próxima, en la que lo recibí con un colega que era discípulo en mi técnica y trabajaba conmigo, le expliqué a HP que ya a esta altura su mejoría era casi total cosa que reconoció ampulosamente como un subordinado y que ahora iba a trabajar hasta su alta terapéutica con mi colega.

En su cara se leía como un traspaso de poder, finalmente HP alcanzó el alta y volvió a su vida normal de agente inmobiliario.

. Tiempo más tarde HP se encontró con mi esposa en la calle y se mostró tremendamente agradecido por el trabajo que lo había salvado de la cirugía y su padecimiento, estoy seguro que HP nunca entendió que su dolor tuvo que ver con el dolor que el causó, creo que todavía seguirá pensando que sus víctimas fueron culpables de su lesión , no hay duda que el trabajo técnico que yo le realicé fue la base de su curación pero HP depositó en mi una subordinación similar a lo que ellos llamaron después obediencia debida y con eso lavó su culpa.

Cuando HP entró en mi consulta con su rostro desdibujado por el dolor y el cansancio tenía una postura de hombros volcados hacia delante, el abdomen flojo a pesar de ser delgado y sus rodillas y caderas parecían no poder sostenerlo, esa postura distaba mucho de la que yo conocía de tiempo atrás cuando era una persona extremadamente erguida con su tórax insuflado, sus piernas rígidas, esta es la postura que volvió a tener HP cuando terminó el tratamiento.

HP estaba cargado de sentimientos duros, los sentimientos blandos amor, piedad, compasión, los encontramos en la parte anterior del cuerpo por eso el afecto lo expresamos con abrazos de cuerpos enfrentados por su parte anterior, cuando HP se vio vencido por su dolor tomó una posición volcada hacia delante tratando de recluirse en un sentimiento de afecto, quizás esa haya sido la gran sorpresa que sentí al verlo, su abdomen ya no era tenso, su tórax estaba hundido y sus hombros estaban volcados hacia delante con sus rodillas ligeramente flexionadas al igual que sus caderas. HP había encontrado un lugar donde descansar su dolor en la parte donde volcamos los sentimientos blandos, algo que él no estaba acostumbrado a sentir , en su profesión lo habían adiestrado para ser duro, pero por lo que acabamos de ver en esta situación necesitó afecto, algo que nunca pidió verbalmente pero su cuerpo lo expresaba, pero dada como estaba estructurada su psicología ni bien se encontró saludable y recuperó su omnipotencia de hombre duro tampoco lo expresó verbalmente pero su cuerpo recuperó su posición intimidatoria.

 

el origen de la ansiedad

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