PostHeaderIcon Craneoencefalización y embarazo exterior

Una ley evolutiva de Lamarck nos dice que la función hace al órgano.
Evolutivamente hablando es correcto, pero una vez desarrollado este órgano en una especie por ejemplo como el australopithecus afarensis.
La estructura del órgano como por ejemplo la del cerebro, pasa a gobernar la función hasta que en forma adaptativa con el paso del tiempo medido en unidades propias de la evolución, cientos de miles de años, reclama cambios. Estos son producto de la cultura ontogénica adaptativa, donde sobreviene una mutación genética que cambia a una nueva estructura, por lo tanto habrá nuevo gobierno en la función. Entonces nos dará un nuevo órgano más evolucionado, un ejemplo sería el cerebro de homo habilis ya con 600 cm cúbicos de tamaño cerebral, mas un cambio craneal para el nuevo cerebro y lógicamente una pelvis que albergue un feto más encefálico sin dejar de ser ergonómica en la bipedestación.

Nuestro cerebro al nacer, siempre a lo largo del proceso de evolución de todas las especies que nos precedieron, fue mucho más pequeño con respecto al tamaño final como otros homínidos en la evolución.
En el homo esta diferencia es mayor y se acentuó con la evolución. De Lucy con menos de la mitad al nacer, a nosotros los sapiens-sapiens, tenemos menos de un tercio al nacer contra el tamaño final adulto (400 cl a 1350 cl aprox.).
Pero a los 3 años alcanzaremos casi el 95% ESTO ES TAMAÑO DE ESTRUCTURA.

En tanto el proceso de maduración es el más prologado que se conozca; por eso la necesidad de una infancia y niñez tan prolongada con respecto a cualquier otro animal conocido, sumando la adolescencia que nos caracteriza antes de ser adulto.
El aumento de tamaño de la estructura es crecimiento. No es maduración, ya que esta va ligada al aprendizaje que dependerá de la transmisión cultural que darán los adultos.
Recordemos que la ontogénesis repite la filogénesis, pero las sucesivas culturas construyen (ontogénesis de la especie) una nueva filogénesis. De aquí, la importancia de la socialización de la especie que surgió naturalmente alrededor de la protección de las crías. Consideremos que en el pleistoceno la mortalidad infantil era del 60 por 100, no solo por precariedad medioambiental, hambre, frío y enfermedades, sino también en gran medida por ser todavía en una parte de la cadena depredadora un eslabón inferior lejos del dominio absoluto actual.

La sociabilización giró con eje en la protección de la relación de la madre y la cría en sus primeros años de vida. Esto no es capricho machista, es como eran las cosas y lo siguen siendo.
Sólo la mujer es la que puede amamantar, en los comienzos y luego por muchos millones de años esto seguirá ocurriendo.
En prácticamente toda la infancia de su cría, los tres primeros años de vida se amamantaba. Si esta situación hoy no es práctica por realizaciones personales, mundo industrializado, globalizado, o simplemente cuidado estético de los pechos, no invalida que la leche materna posee toda la energía necesaria para la vida de la crías, más aún en su crecimiento y desarrollo encefálico con una función cognitiva tan sofisticada como la de los seres humanos.

Tampoco existe nada que reemplace la capacidad de transmisión de anticuerpos que lleva la leche materna; se entiende que la lactancia también durará según la capacidad de la madre, pero el mejor estímulo es el hábito mismo por cuanto el corte voluntario es determinante en la desaparición de leche en madre y el stress el principal conspirador al igual que las dietas hipocalóricas.
Estos son hechos biológicos incontestables y demostrados desde tiempos inmemorables. Sí pueden tener contestación desde el discurso social moderno y el derecho propio de cada individuo, que lógicamente debe ser respetado desde ese lugar, pero no tiene eco en la evolución de la especie ni la biología.
Hoy es imposible vivir sin planificación familiar. Muchos religiosos de las más variadas creencias no estarán de acuerdo, pero la planificación hace la supervivencia de una mejor especie, algo que tomó nota la selección natural hace millones de años. Una hembra amamantando no ovula es rarísimo que ocurra, por tanto el amamantamiento es el mejor anticonceptivo. Desde hace varias especies antecesoras a la nuestra, diminuimos el número de crías para su mejor cuidado, ya la biología planificaba la familia.

El macho siente que tiene poco que hacer en esa díada madre-hija/o, en consecuencia nace el macho protector que sale a buscar alimento o defender la familia. Mejor dicho los machos salen a cuidar la tribu. Hay mucho material descubierto que así lo demuestra (recomiendo leer a la obra de José María BERMUDEZ DE CASTRO y el libro La cadera de Eva de José Enrique CAMPILLO ALVAREZ).
De lo expuesto se desprende la clara idea de un embarazo exterior, pero ¿cuánto dura? La infancia y niñez son largas y el padre también participa, pero si analizamos la evolución psicomotriz actual hasta la bipedestación y primeros pasos en el homo sapiens-sapiens, o sea nosotros, sacaremos conclusiones de la ruptura de la díada madre hijo y aventuraremos una proyección a nuestro antepasados. Ya habíamos dicho que para que nazca una cría homo lo suficientemente hábil para marchar bípedamente y valerse mínimamente por si misma, el embarazo debería durar 16 meses, pero su parto sería imposible con la pelvis tal como la conocemos hace 3 millones y medio de años, mas todas las adaptaciones evolutivas que siguieron.

El lector ya habrá hecho cuentas y sabe que un bebe de 7 meses que es la diferencia solicitada al embarazó real, no podría valerse por si mismo en nada y apenas gatearía, pero si tendría un tamaño de encefalización suficiente para que con el estímulo circundante mas su gateo poder seguir muy de cerca a su madre, amamantar de esta y madurar su cerebro a través del complejo fenómeno de asociaciones corticales. Esto es teórico y me pregunto: ¿sería igual a nosotros o nuestras especies antecesoras? No definitivamente no. Se saltearía el vital proceso de contacto corporal en la díada, que si bien no es absoluta en cuanto a tiempo, sí es extremadamente mayor que esta teoría, y la realidad de todos los demás mamíferos el contacto corporal en la díada principalmente, compartido con otros seres de la familla, es tan importante para el desarrollo cerebral como el alimento mismo.
Cuando por razones imponderables u otras veces trágicas un bebé se ve privado de contacto humano afectivo, como solía ocurrir con niños huérfanos en los hospitales a principios de Siglo XX donde sólo se ocupaban de la alimentación e higiene, estos niños fallecían en poco tiempo, a veces solo un mes. De aquí se dio el nombre de hospitalismo a este tipo de muerte y se usa al día de hoy en toda circunstancia aún fuera del hospital. Entre las tantas ventajas que nos dio la evolución bípeda con la liberación de los miembros superiores, estas fueron entre tantas posibilidades, determinantes en la crianza. El poder llevar el bebé en brazos por tiempos tan prolongados y brindar afecto en esta situación, y que la criatura esté tan cerca del cuerpo que habitó interiormente durante 9 meses, favorece en gran medida el desarrollo de nuestro intelecto como así la necesidad de vivir en clanes que no son mas que gérmenes de las futuras sociedades como las conocemos hoy.
Estar cerca de la madre es todavía reconocer el ruido cardíaco, los ritmos respiratorios, su voz. Pero el tono muscular de la madre tiende a fusionase con la criatura, es el principal medio de transmisión de lenguaje, el diálogo tónico. El regazo de la madre es algo siempre añorable en nuestras vidas, como así lo es al comienzo de esta al estar dentro de ella, donde alguna vez muy próxima conformaron un todo. No exagero al decir que el parto se vive como una amputación que nos marca para siempre, que mejor que transitar los primeros indefensos meses cerca de la otra parte de ese todo estábamos indivisible unidos y pasar a díada fusionada. Desde el punto de vista psicomotriz podemos elaborar cuánto dura el embarazo exterior. Pensando entonces en la escisión de la díada que ocurrirá a partir del crecimiento encefálico, su maduración por el proceso de mielinización principalmente del cerebro y esto sumado a los estímulos externos, dará como resultado la asociación de las áreas corticales entre si. Por tanto, producirán la evolución psicomotriz con un resultado conjunto de la elaboración de un aparato psíquico que de el origen pensante del pequeño individuo, que será indivisible en la transformación de los movimientos reflejos a intencionados, o si se quiere voluntarios. Aquí la ontogénesis del primer año reproducirá la filogénesis desde reptil a bípedo.
Como ya hemos visto, al nacer en condiciones normales la columna vertebral del bebé prácticamente no posee curvas, sí por supuesto esa fuerte tendencia de una gran curvatura casi total producto de la posición fetal que es claramente cifosante, esto se evidencia en cualquier criatura de menos de tres meses cuando se la sujeta con las manos por debajo de sus axilas donde observaremos su clara tendencia a plegarse.
La vida intrauterina cumple en la filogénesis con la etapa marina, esta es la más antigua. La vida se originó en los océanos hace tantos millones de años que hasta se torna difícil precisarlo, puede ser aproximadamente 3.500 millones de años en forma microbiológica. Desde ahí surgieron las formas más complejas marinas y luego terrestres que se conozcan, y lógicamente muchas se han extinguido sin que hoy sepamos de ellas. La vida marina hoy continúa, y en todas las especies es la etapa más larga de su evolución, nosotros no somos la excepción. Como se mencionó tantas veces en este trabajo, nos hemos desprendido en la dilección homínido hace solo 10 millones de años desde AUC y Ardipithecos ramidus; nuestra primera forma bípeda de andar aún poco ergonómico data de 6 millones de años, recién nuestra querida Lucy caminaba como nosotros tan solo hace 3 millones 500 mil años.
Un niño o niña podría marchar como Ardí a los 12 meses, y como Lucy a los 36 de vida extra uterina (a propósito Lucy se llama así porque cuando la encontraron había un tema de los Beatles muy en boga, a continuación se las presento en un reconstrucción realizada por el Museo de la Evolución Humana en Burgos España CON MI AGADECIMIENTO EN LAS VISITAS REALIZADAS, POR EL TRATO DISPENSADO, Y LA GENEROSIDAD DEL DR JOSE MARIA BERMUDEZ DE CASTRO)

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Volviendo a la formación de las curvas y su correlato con la evolución psicomotriz, esta sigue la filogénesis de nuestra especie hasta la marcha completa y competente, y la realiza ontogenicamante en los tres primeros años de vida.

RECIEN NACIDO: si se lo coloca boca arriba, solo gira esta normalmente hacia un lado y quedando allí sin tener predilección por un lado, ni marcar a futuro cual será su lateralidad.
Boca abajo aquí es importante, comienza reproducir la lucha contra la gravedad. En los primeros días coge fuerza puede realizar intentos el resto del cuerpo en flexión generalizada recordar lo dicho de la posición fetal.
A finales del primer mes puede sostener la cabeza unos pocos segundos; en el segundo mes se profundiza el trabajo resistiendo mas tiempo, lo mas importante es que logra alrededor de 45 grados de excursión; hacia fines del tercer mes cerca de 90 grados y un tiempo importante sin agotarse, ya los brazos salen de la flexión y sirven de apoyo. En cuanto a la columna es claro que comenzó el moldeo de la lordosis cervical con el aumento normal del tono de los músculos de la nuca, pero seria una visión miope creer que solo este sector se tonifica e hipertrofia, en todo caso es la expresión sectorial de toda la cadena antigravitatoria haciendo su inicio ontogénico siguiendo la pauta filogenética de nuestra especie.
En el curso de esta evolución del primer trimestre, si intentamos poner de pie a la criatura con nuestra ayuda ocurrirá lo siguiente: en el primer mes desde el nacimiento y hasta principios de segundo mes habrá marcha automática refleja que debería ir desapareciendo sobre el final de este mes, al igual que la reacción de apoyo para dar lugar a una sustentación con piernas flexionadas. Tanto la reacción de apoyo inicial como la marcha automática son claros ejemplos de la presencia de los rastros guías de la filogénesis en nuestro encéfalo, que indican o marcan cómo seguir el desarrollo ontológico. En la medida que se ejercitan estas pautas predeterminadas, los planos a seguir dan lugar a la realización de la obra del desarrollo psicomotriz que realimentará la maduración encefálica; esta realimentación sistemática no se detendrá como lo veremos detalladamente, hasta conseguir nuestra marcha bípeda tan evolucionada.
En los tres primeros meses concomitan otros desarrollos que son de sumo interés, ahora toca el turno de la mano.
Este desarrollo es importante destacarlo, por que tanto la marcha bípeda como la función prensil con oposición pulgar tan desarrollada, son características humanas y son signos patognomónicos en las lesiones neurológicas. Cuando las lesiones por daño cerebral son graves, la mano sin importar la edad del paciente, vuelve a la etapa que se describe a continuación.
Al nacer el bebe permanece con la mano cerrada en lo que llamamos reflejo de prensión, luego entre el primer y segundo mes la mano se abre ligeramente en forma alternativa sin mucha intencionalidad, recién en el tercer mes la mano todavía sin mucha precisión se abre con intención y busca objetos de tamaño significativo guardando la proporción del niño.
En los primeros tres meses el bebe muestra mucha inmadurez en la fase de sedentación. Recién nacido y en los días siguientes, si se tracciona suavemente de sus brazos hasta sentarlo prácticamente no colabora pero tampoco se resiste y cercano al final del mes puede acompañar con el cuerpo pero no con la cabeza. Sentado con nuestra ayuda no la puede mantener erguida, recién al segundo mes próximo al final de este la cabeza puede erguirse algunos segundos por su propio trabajo; solo cuando cumple su tercer mes de vida mantiene su cabeza casi medio minuto, ya sentado y al levantarlo colaboran cuerpo y cabeza.
Si nos detenemos para analizar el primer trimestre nos encontramos con una cría que evoluciona lentamente y comparativamente hablando dentro del reino animal, absolutamente desvalida, por lo tanto los brazos de la madre serán el gran refugio durante gran parte del día como lo fue por millones de años de evolución del género homo.
La madre primero y principal es del cuerpo de donde provenimos, el lugar donde fuimos gestados sin importar el sexo de la cría. Todo hombre o mujer vine de un cuerpo femenino. Con el primer trimestre de vida extrauterina cumplimos en condiciones generales un año desde la concepción, de esta forma en ese año de vida en permanente desarrollo, el 75% se realizó dentro de la madres lógico entender la familiaridad que da el cuerpo materno, ya hemos dicho y aquí se refuerza, que el parto tiene que ser vivido por el feto como una amputación a un todo que es lo único que conocimos indivisiblemente durante el embarazo, indivisible porque a través de liquido amniótico la piel de feto no tuvo otro contacto hasta salir al exterior.
Por su puesto que los brazos del padre serán una alternativa válida protectora y sumamente afectiva y por qué no necesaria, pero ese cuerpo masculino nos engendró pero no nos gestó. Se inicia el vínculo a través de dialogo tónico, el intercambio de tensiones musculares como lenguaje que expresaran afecto y seguridad pero si faltan el bebé lo percibe. Él es el indefenso y el necesitado.
Otros brazos familiares serán útiles, pero los de la madre son insustituibles. A esto se suma el amamantamiento, otra vez la situación; todos nos hemos alimentado de un cuerpo femenino sin importar el sexo que tengamos y esto crea un vínculo insustituible en el embarazo exterior, por lo tanto vemos en la díada madre hijo por mucho tiempo razones biológicas indiscutibles. Claro está la triste situación de falta de madre, entonces será necesario madre sustituta o tendremos serios problemas tanto en el desarrollo físico como psicológico de la cría; siempre es más sencillo reemplazar al padre sin desmerecer su función pero todo lo explicado en cuanto a gestación y amamantamiento es de condición femenina.
Regresamos a la evolución psicomotriz. En esta etapa que se acompaña desde el punto de vista anatómico con la formación de la curvas de la columna vertebral, no pueden existir evolución anatómica y biomecánica separadas del desarrollo psicomotriz, como tampoco la ontogénesis se aleja de la filogénesis.
La ontogénesis de la especie ya consolidada no tiene heterocronias.
Sí existieron las heterocronias y muchas en la gran evolución filogenética de toda la evolución humana por millones de años, pero ahora consolidada la evolución en homo sapiens –sapiens en el crecimiento y desarrollo, no deben existir heterocronias dentro de los parámetros esperados; si ocurren serán hechos patológicos.
Hetero significa distinto, y cronia del griego cronos tiempo por tanto: distinto tiempo anatómicamente hablando. Si un miembro crece más rápido que el otro es patológico, psicomotrizmente no se habla correctamente si todavía estamos en fase de gateo, algo falla con la evolución y maduración de la marcha de acuerdo a la edad, o un raro caso de precocidad de locuacidad.
En las curvas es igual, de la gran cifosis intrauterina de la posición fetal se forma en los tres primeros meses el esbozo de la lordosis que se consolida en las próximas fases, como veremos la cifosis va también modelándose perdiendo esa exagerada forma fetal.
Seguiremos con el período hacia el sexto mes en busca de la sedentación no si antes aclarar y dejar abierto el tema de cuántas curvas tienen que formarse o cuántas tenemos. Muchos contestarían sin pensarlo dos veces que tenemos tres curvas, algunos más formados cuatro, pero aquí sentaremos las bases de por qué tenemos cinco curvas.
Tres son obvias y muy conocidas en la anatomía tradicional, lordosis cervical y lumbar mas cifosis dorsal.
Ya muchos hace tiempo entendieron la curvatura sacra como una cifosis siendo esta la cuarta, y la quinta la curvatura occipital la desarrollaremos mas adelante, solo agregaré que se debe pensar en el occipital como la vértebra cero.
Camino a la sedentacion: hacia finales del cuarto mes y principios del quinto es de esperar que cuando sentamos al niño mantenga la cabeza por si solo bastante tiempo y con eficacia.
Es más, cuando lo traccionamos de los brazos desde la posición supina a la de sentado nos acompaña con la cabeza en la misma línea de la columna, en el sexto mes esta situación esta consolidada en el control cefálico que se observa si lo desestabilizamos
en la posición sedente, la cabeza buscará por acción del cuello estabilidad en situación erguida.
Ya en el octavo mes colabora al intentar sentarlo, en el noveno se mantiene sentado solo por si mismo un pequeño lapso de tiempo de algunos segundos.
En el décimo mes de vida extrauterina se consolida la etapa de sentarse, primero la realiza solo aún buscando ayuda de objetos próximos y se mantiene por si mismo con la espalda recta, ya aprendió solito el truco de separar las piernas para darse mas estabilidad.
En el mismo período por el cuarto mes boca abajo, se apoya con los brazos manteniendo la cabeza erguida hasta que se cansa de esta posición relajándose.
Luego en el mes siguiente y hasta el séptimo desarrolla la capacidad de levantar un brazo y lograr lo mismo con menos apoyo, prueba de su madurez y desarrollo.
En el octavo mes ocurre un período de transición hasta desarrollar a finales del noveno mes la capacidad de arrastre de su cuerpo; con los brazos comienza el desplazamiento por si solo, es el primer acto de independencia motriz.
En todo este periodo también, como en la posición de sentado, la cabeza logra estabilizarse erguida, el moldeo de la lordosis cervical es determinado por la situación planteada en todos los puntos vistos.
En el noveno mes ya existe lo que se conoce en psicomotricidad como marcha de boca, que es más que un arrastre pero menos que un gateo; sí comienza claramente la intencionalidad de logarlo pero será pleno en el mes doce.
De los nueve meses al año tenemos que entre el nueve y diez consigue pasar de decúbito ventral a sentado gracias a flexionar la cadera y torsionar el tronco; la siguiente evolución se coloca en cuatro patas en el décimo mes con un gateo muy informal y descoordinado, esta situación mejora mucho en el undécimo mes y como dijimos tenemos un gateo concreto al año.
La conquista de una habilidad no inhibe en modo alguno que se esté desarrollando otra de forma subyacente y en estado incompleto conviva con la ya desarrollada.
Alrededor del año aproximadamente logra la criatura ponerse de pie con ayuda de algún apoyo externo y en los meses siguientes trece y catorce, a través del juego de balanceo sobre sus miembros inferiores y la apertura o elevación de los superiores logrará estar de pie por si mismo. Por supuesto estos tiempos no son exactos y entre ellos tendrá su lógica fluctuación.
Entre los quince meses y los dieciocho la marcha se inicia con mayor o menor habilidad con una tendencia estabilizadora, hacia los dieciocho desde aquí y hasta los tres años es lógico y justo esperar un perfeccionamiento que de la marcha bípeda conseguida por nuestra especie. Una ley de la psicomotricidad nos dice que un niño marcha con plenitud cuando sube y baja escaleras sin problemas.

 

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